Piñones de Araucaria: La Delicia Milenaria que Encierra la Patagonia

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Los piñones de araucaria, también conocidos como pehuén, son un alimento ancestral con una historia fascinante. Estos frutos de la araucaria, una especie endémica de la región que se encuentra desde Copahue hasta Huechulafquen, son considerados un tesoro culinario en la Patagonia.

Hace cinco años, durante el Salón de Alimentos Neuquinos y Vinos de la Patagonia Argentina, descubrimos por primera vez la maravilla de los piñones de araucaria. Fue en un stand donde conocimos a María Teresa Stowhas, una apasionada productora de Villa Pehuenia-Moquehue y experta en la elaboración de productos a base de piñones. Recientemente, tuvimos el privilegio de reencontrarnos con ella en el Festival del Chef Patagónico y visitar su finca en Huerquen, Moquehue.

La pasión y el cuidado que María Teresa pone en la elaboración de sus productos es evidente a primera vista. Su finca está rodeada de majestuosas araucarias, y nos explica que estas poseen árboles machos y hembras. Los machos producen polen, mientras que las hembras lo fecundan cuando el viento lleva el polen de un árbol a otro. Cada piña de araucaria puede contener entre 200 y 300 piñones, y un solo árbol puede producir alrededor de 30 piñas.

Es importante destacar que el pehuén es considerado un fósil viviente, pues existía mucho antes de la formación de la Cordillera de los Andes. Los piñones han sido una parte esencial de la alimentación de los pueblos originarios, especialmente los pehuenches de la cultura mapuche. Estos sabios ancestros consumían los piñones de araucaria hervidos o tostados, y también los utilizaban con fines medicinales.

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Es crucial señalar que los piñones de araucaria difieren notablemente de los piñones utilizados en la cocina italiana para el pesto genovés. Estos últimos provienen del pino piñonero (Pinus pinea) y son más pequeños y con una cáscara más dura. Sin embargo, en Villa Pehuenia, varios productores han encontrado formas ingeniosas de utilizar los piñones de araucaria, creando productos como harina y deliciosos alfajores.

Durante nuestra visita a Huerquen, experimentamos la cálida hospitalidad de María Teresa en una fría mañana de otoño. Mientras el agua salía del grifo y se escarchaba en el aire fresco de Moquehue, nos contó cómo el llamado divino la llevó a los piñones milenarios. Nacida en Valparaíso, Chile, su acento refleja su origen, aunque hace muchos años que reside en esta región. Su esposo, por otro lado, es originario de Mendoza.

María Teresa nos reveló que, en un momento de angustia por la necesidad de generar ingresos para su familia, salió a caminar por el bosque y tuvo una visión. Según ella, fue un llamado de «Dios» que la guió hacia los piñones milenarios, el alimento que ha sustentado a los mapuches durante siglos.

Las semillas de pehuén caían de los árboles sin necesidad de recolectarlas ni comprar insumos externos. Así nació Huerquen, una PyME que requirió tiempo y paciencia para consolidarse con un diverso catálogo de productos. Actualmente, María Teresa elabora licores tradicionales y de piñones tostados con un sabor voluptuoso y envolvente. Además, con los piñones, elabora escabeches, aderezos, encurtidos y dulces, sin olvidar los deliciosos alfajores.

No podemos dejar de mencionar que en Huerquen se ha desarrollado una máquina para pelar piñones, gracias al apoyo del COPADE y el financiamiento del CFI. María Teresa exhibe orgullosa esta creación, a la que llama cariñosamente su «viejito».

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Para concluir, nos gustaría compartir una leyenda que ilustra la importancia de los piñones de araucaria para los mapuches:

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Desde tiempos inmemoriales, Nguenechén, el Dios creador de los mapuches, ha hecho crecer los pehuenes en grandes bosques. Sin embargo, al principio, las tribus que habitaban estas tierras no consumían los piñones, ya que creían que eran venenosos. En cambio, consideraban al pehuén o araucaria como un árbol sagrado y lo veneraban rezando a su sombra y ofreciéndole regalos. Dejaban los frutos en el suelo sin utilizarlos.

Sin embargo, ocurrió que durante años hubo una gran escasez de alimentos en la región, y las personas pasaban hambre, especialmente los niños y los ancianos. Ante esta situación desesperante, los jóvenes se aventuraron lejos en busca de alimentos, pero regresaban con las manos vacías. Parecía que Dios no escuchaba el clamor de su pueblo y la gente continuaba muriendo de hambre.

No obstante, Nguenechén no abandonó a su pueblo. Un día, un joven desalentado se encontró con un anciano de barba blanca. El joven le explicó su búsqueda de alimentos para su tribu, pero lamentablemente no había encontrado nada. El anciano señaló los numerosos piñones en el suelo bajo los pehuenes y preguntó si no eran comestibles. El joven respondió que los frutos del árbol sagrado eran venenosos.

El anciano reveló que a partir de ese momento, los piñones serían un regalo de Nguenechén, un alimento delicioso cuando se hierven o tuestan. Les aconsejó recolectar abundantemente los piñones, guardarlos en lugares subterráneos y así tendrían comida durante todo el invierno.

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Después de contar esta historia a la tribu, todos se reunieron y celebraron una gran fiesta en la que disfrutaron de piñones hervidos y tostados en abundancia. Desde entonces, desapareció la escasez y cada año cosechaban grandes cantidades de piñones, que almacenaban bajo tierra y se mantenían frescos durante mucho tiempo. También aprendieron a elaborar una bebida fermentada llamada chahuí con los piñones.

Cada amanecer, con un piñón en la mano o una ramita de pehuén, rezaban mirando al sol, agradeciendo por la vida y rogando para que los pehuenes no desaparezcan. Estos árboles sagrados deben multiplicarse como nuestros descendientes, cuyas vidas les pertenecen, al igual que los árboles sagrados.

Las historias y pasiones que envuelven a los piñones de araucaria revelan la riqueza cultural y natural de la Patagonia. Son un tesoro culinario que conecta a las personas con la historia y las tradiciones de esta región ancestral. No puedes dejar de probar la exquisitez de los piñones de araucaria, el alimento milenario que encierra la esencia misma de la Patagonia.

Para más información sobre los piñones de araucaria y los productos elaborados por María Teresa en Huerquen, visita Una Planta.

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