La sorprendente mantis de las flores: experta en mimetismo agresivo

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La naturaleza siempre nos sorprende con sus increíbles adaptaciones y estrategias de supervivencia. Un ejemplo fascinante de esto es la mantis de las flores, un insecto que ha evolucionado de manera impresionante para imitar a las delicadas y hermosas flores y así atrapar a sus presas.

Un engaño cautivador

Muchas especies en el reino animal han desarrollado mecanismos para imitar a otras criaturas, ya sea para defenderse de los depredadores o para atraer a sus presas. En el mundo de las mariposas, encontramos ejemplos de imitación, como aquellas que se asemejan a la mariposa monarca tóxica.

Sin embargo, en el reino de los insectos también hay algunos que han tomado un enfoque diferente: imitar a las plantas. Desde el insecto palo que se confunde con una ramita, hasta las arañas cangrejo de las flores que se camuflan como hermosas flores, estos insectos han desarrollado habilidades sorprendentes para engañar a sus presas y asegurar su supervivencia.

La astuta mantis de las flores

Dentro de este grupo de «insectos disfrazados», encontramos a la mantis de las flores, una criatura fascinante que pertenece a la familia Hymenopodidae. Esta mantis tiene un comportamiento peculiar: trepa por las plantas y se queda quieta, esperando pacientemente hasta que un insecto se acerque, momento en el que se convierte en una depredadora implacable.

Un ejemplo famoso de este tipo de mantis es la mantis orquídea (Hymenopus coronatus), originaria del sudeste asiático. Esta especie imita a la perfección una flor de orquídea y se camufla entre las demás flores. Su aspecto es tan convincente que incluso supera en belleza a las flores reales. De hecho, según Livescience, es más efectiva para atraer insectos que algunas flores auténticas.

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Un camuflaje impresionante

La mantis orquídea tiene un disfraz deslumbrante, con patas que parecen pétalos y una apariencia tan realista que los científicos sugieren que este depredador no solo se esconde entre las flores, sino que también atrae a sus víctimas. Este fenómeno se conoce como «mimetismo agresivo» y se ha observado en otros seres vivos, como las arañas bolas que atraen a las polillas machos imitando las feromonas de las hembras.

La idea de que la mantis orquídea es una imitación agresiva fue sugerida por primera vez en el siglo XIX por el naturalista Alfred Russel Wallace, quien también contribuyó a la teoría de la evolución junto a Darwin. Sin embargo, la falta de estudios y ejemplos concretos había dejado esta noción en el terreno de la especulación científica.

El descubrimiento de la verdad

Recientemente, se llevó a cabo un estudio para confirmar la teoría del mimetismo agresivo en la mantis orquídea. James O’Hanlon, un biólogo evolutivo de la Universidad Macquarie en Sydney, Australia, lideró una investigación destinada a despejar las dudas y demostrar, de una vez por todas, si la mantis orquídea realmente imita a las flores.

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«La parte más desafiante de esta investigación fue que nadie había estudiado nunca a estos animales», afirma O’Hanlon. «Empezamos desde cero, adentrándonos en un mundo desconocido».

El disfraz perfecto

Los científicos confirmaron que el color de la mantis orquídea es indistinguible de trece especies de flores silvestres que existen en su entorno natural. Además, observaron el comportamiento de los polinizadores alrededor de las mantis orquídea vivas en el bosque y presenciaron cómo estos insectos se acercaban lo suficiente como para que las mantis pudieran atrapar presas desprevenidas en el aire.

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Ahora sabemos que estas mantis no solo atraen a los polinizadores, ¡sino que son extremadamente buenas en ello! Son capaces de atraer a más polinizadores que algunas flores auténticas.

Adaptaciones sorprendentes

La mantis orquídea ha desarrollado varias características para parecerse a una planta. Sus extremidades se han adaptado, transformando las patas marchadoras en pétalos de orquídea. Además, han ajustado sus colores a los de las flores en las que viven, mostrando una increíble capacidad de camuflaje.

Este tipo de adaptaciones se denomina «cripsis» y consiste en adoptar la apariencia del entorno para pasar desapercibidos, confundiendo a los depredadores o engañando a sus presas. Las mantis orquídea son un ejemplo asombroso de esta estrategia, al igual que los fásmidos, también conocidos como bichos-palo, que se confunden perfectamente con pequeñas ramas o palos.

En resumen, la mantis de las flores y, en particular, la mantis orquídea, son ejemplos fascinantes de cómo la naturaleza puede sorprendernos con su ingenio y adaptabilidad. Su mimetismo agresivo les ha permitido evolucionar de manera única, logrando camuflarse entre las flores y así asegurar su supervivencia. No solo son expertas cazadoras, sino que también son verdaderas artistas en el arte del engaño y la seducción. ¡Una verdadera maravilla de la naturaleza!

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