Los Hongos Alucinógenos y su Influencia en la Navidad

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Durante siglos, la misteriosa conexión entre los hongos alucinógenos y la festividad navideña ha intrigado a investigadores y antropólogos. A partir de los hallazgos del etnomicólogo Robert Gordon Wasson y del antropólogo John A. Rush, se ha descubierto que los hongos Amanita muscaria están estrechamente relacionados con el imaginario navideño.

Un Vínculo Ancestral

Hace cientos de años, los pueblos indígenas del Polo Norte, como los Koryaks de Siberia y los Kamchadales, celebraban el solsticio de invierno con tradiciones similares a las de la víspera de Navidad en el último siglo. Durante esta fecha ceremonial y festiva, los chamanes recolectaban los hongos Amanita muscaria, también conocidos como matamoscas, debido a sus poderosas propiedades alucinógenas.

El Amanita muscaria: Un Hongo Especial

El Amanita muscaria destaca por su apariencia llamativa y característica, con su sombrero rojo y puntos blancos. Crece en el suelo cerca de árboles como el abedul y el pino, que para los indígenas del norte son considerados árboles de vida debido a su gran altura. Por lo tanto, los lugares donde crecían estos hongos eran de gran valor para estas comunidades.

Rituales y Tradiciones

Dada la alta toxicidad del Amanita muscaria al ser ingerido, los chamanes debían deshidratarlos en las ramas de los pinos antes de consumirlos. Otra opción era colocarlos en calcetines y dejarlos secar sobre el fuego, una imagen que se asemeja a la tradición navideña de colgar las botas de Navidad sobre las chimeneas.

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Además, los renos desempeñaban un papel importante en la reducción de la toxicidad del hongo, ya que podían comer Amanita muscaria sin sufrir los efectos de su veneno. Por lo tanto, utilizaban la orina de los renos, que ya había filtrado los componentes dañinos del hongo, pero que aún mantenía sus efectos alucinógenos.

Una vez que el chamán consumía los hongos o bebía la orina de los renos, comenzaban las alucinaciones y reacciones del Amanita muscaria. Sentimientos de alegría, ganas de cantar y aumento del tono muscular hacían que cualquier esfuerzo físico fuera más fácil de realizar.

Visiones y Vínculos con Santa Claus

Según la leyenda, durante sus viajes psicodélicos, los chamanes lograban ver el futuro de la comunidad, podían convertirse en animales y volar hacia la Estrella del Norte en busca de conocimientos para compartir con el resto de las personas. Al final de su experiencia alucinógena, regresaban al grupo en sus yurtas (el tipo de vivienda típica de los habitantes de esa región en ese momento) y se reunían con los hombres importantes de la comunidad para comenzar con la ceremonia del solsticio, además de compartir sus visiones con la comunidad.

Se cree que los viajes psicotrópicos de los chamanes están relacionados con la idea de que Santa Claus viaja con su trineo y renos por los cielos para entregar regalos. El obsequio que daban los chamanes era el conocimiento que el hongo les proporcionaba, además de compartir porciones del mismo entre los presentes.

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Otra similitud con el imaginario navideño es que la entrada a las yurtas era un agujero en el techo, ya que la puerta principal estaba cubierta de nieve. Así, el chamán hacía su aparición descendiendo desde la parte más alta de la casa, similar a cómo Santa Claus desciende por la chimenea.

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Orígenes y Evolución

Con el tiempo, este arquetipo chamánico cambió y se dice que, con los viajes de los druidas, esta tradición se extendió a Gran Bretaña. Luego, a través del intercambio cultural, se combinó con mitos germánicos y nórdicos que narraban aventuras como las de Wotan (dios germánico), Odín (su contraparte nórdica) y otros dioses, quienes al viajar durante la noche del solsticio de invierno eran perseguidos por demonios en un trineo tirado por un caballo de ocho patas. Se decía que del trineo caía una estela de sangre roja y blanca y que los caballos espumaban espuma blanca en el suelo, donde aparecerían los hongos amanita al año siguiente.

Con el tiempo, el cristianismo relacionó la tradición navideña con San Nicolás de Bari, un obispo turco del siglo IV que también inspiró al personaje de Santa Claus, ya que solía dar regalos a los necesitados y especialmente a los niños.

El Legado del Amanita muscaria

«Alegre, juguetón y al mismo tiempo realista» fue el encargo que Coca-Cola dio al ilustrador Haddon Sundblom en 1931 para crear la imagen actual de Santa Claus. Así, el poder del hongo Amanita muscaria ha dejado una marca en la historia de la Navidad hasta hoy. Los ritos cercanos al solsticio de diciembre se han conservado, con modificaciones claras, pero los hongos siguen presentes a través de las decoraciones y diseños navideños que nos conectan con cientos de años de tradición.

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