Descubriendo las Flores Silvestres en mi Patio

Descubriendo las Flores Silvestres en mi Patio
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La primavera pasada, me emocioné al descubrir gladiolos silvestres creciendo en mi patio de vecinos. Este año, el primer gladiolo floreció el 10 de abril. Desde la distancia, confundí su color con el de una amapola, pero al acercarme con mis prismáticos, me di cuenta de que era, sin duda, el primer gladiolo de la temporada.

A medida que exploraba el patio, comencé a hacer un inventario de las distintas especies que podía reconocer desde mi quinto piso. El patio de vecinos, un cuadro de 200 m2, normalmente estaría desbrozado a estas alturas de la primavera. Sin embargo, debido a las circunstancias actuales, ha vuelto a ser el pastizal que existía antes de la urbanización de esta zona de la ciudad. Era una finca extensa de pastos y olivos en las afueras.

El patio alberga una variedad sorprendente de plantas. Desde finales de marzo, he observado guisantes silvestres, conocidos también como arvejas o tirabeques (Pisum sativum), rúcula (Diplotaxis sp.), rábanos silvestres o nabizas (Raphanus raphanistrum), crisantemos (Chrysanthemum coronarium) y caléndulas (Calendula arvensis). También he visto lirios enanos (Iris sisyrinchium), guitarritas (Muscari comosum), ajos silvestres (posiblemente Allium roseum), tréboles de flores amarillas (Trifolium dubium) y una viborera que se esconde entre el pasto (Echium vulgare).

A principios de abril, también aparecieron amapolas dispersas (Papaver rhoeas) y malvas (Malva sylvestris), seguidas de los gladiolos (Gladiolus sp.). Hay una especie de asterácea con flores amarillas parecidas a las del diente de león, que creo identificar como Crepis biennis, pero no puedo asegurarlo con certeza.

Aunque con escasos representantes, también crecen el hinojo (Foeniculum vulgare), la silene blanca o colleja (posiblemente Silene vulgaris) y dos especies de cardos, uno con flores de color violeta (Carduus sp.) y otro sin florecer. Es curiosa la distribución de estas especies en el patio. El trébol y las caléndulas, junto con la avena loca que ha crecido por doquier, ocupan casi todo el terreno. Los lirios, amapolas y ajos silvestres se encuentran en pequeños grupos dispersos. Los gladiolos, escasos y distantes entre sí, crecen en dos lugares separados. Los guisantes, de manera interesante, se encuentran en la parte superior o norte del cuadro. La rúcula y los rábanos, con pocos representantes, han elegido la zona este, tal vez porque reciben más sol por las mañanas, aunque ya no se ven porque son flores de invierno.

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Pero más que hablar de las flores en sí, quiero compartir con ustedes las historias detrás de sus nombres. He pedido ayuda a mi querida compañera de instituto, Magnolia Sánchez, profesora de lenguas clásicas. Juntas publicamos interesantes entradas en nuestro blog, Nugae nugarum, sobre palabras que surgían en nuestro día a día. También involucrábamos a nuestros alumnos en algunas ocasiones. Yo me encargaba de comentar los nombres comunes de las flores, mientras que Magnolia se encargaba de revelar la etimología de las palabras.

De todas las flores mencionadas, la que más me gusta por su nombre es la guitarrita (Muscari comosum). Su nombre se debe a la disposición de sus flores, que se asemeja al final del mástil de una guitarra, donde se encuentra el clavijero para afinar el instrumento. También se le llama nazareno debido a su color, que recuerda a los encapuchados de las procesiones de Semana Santa.

El gladiolo silvestre también me sorprendió gratamente este año. Llamado también espadilla o varita de San José, su nombre deriva de la forma de estoque o espada de sus hojas. Pertenece a la familia de las Iridáceas y tiene su origen en tierras del Mediterráneo, Europa central y occidental, Asia central y parte de África.

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Los tréboles reciben su nombre debido a las hojas que suelen tener tres foliolos, aunque en algunas especies a veces aparecen cuatro. Encontrar uno se considera un símbolo de buena suerte. El nombre Trifolium viene de la unión del número tres y la palabra hoja, folium. Así es como Plinio se refería al trébol: trifolium. El adjetivo latino dubius,a,um tiene varias acepciones, como «que va», «incierto» o «indeciso».

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El ajo silvestre puede tener flores blancas o rosadas. También se le conoce como ajo de culebra o ajo de bruja, quizás debido a su característico olor asociado a las pócimas de las brujas. Allium es un término latino que evolucionó a la palabra «ajo» en español. En cuanto a roseum, es un adjetivo latino que significa «guarnecido de rosas» o «rosáceo».

El lirio enano también se conoce como patita de burro, posiblemente debido a la disposición de sus pétalos, que recuerda a las extremidades de este animal. Iris, en griego, significa lirio (Ιρις) y se usa tanto para referirse a la flor como al arcoíris, al iris del ojo o a un círculo coloreado o luminoso. Sisyrinchium proviene del término griego σισυριγχιον, que significa «planta bulbosa» o «especie de lirio».

El crisantemo silvestre brilla bajo el sol del mediodía y parece una flor de oro. Chrysanthemum proviene del griego χρυσανθεμον, que significa «flor de oro». De hecho, el crisantemo dorado es el emblema nacional de Japón. Coronarium proviene del adjetivo latino coronarius,a,um, que significa «coronario» o «relacionado con una corona». A su vez, corona viene del griego κορωνη, que significa «coronamiento» o «remate de algo».

La caléndula, también conocida como botón de oro, mercadela o maravilla, tiene propiedades medicinales, como ser antiinflamatoria y cicatrizante cuando se aplica tópicamente. También se utiliza como tinte para telas, en alimentos y en cosméticos. Calendula podría venir del término latino calendae, que se refería al primero de cada mes en la antigua Roma. Algunos sugieren que está relacionada con el término calendario debido a la fotoclinia de sus flores. Arvensis es un término latino que significa «campo cultivado».

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El guisante silvestre, también conocido como tirabeque, puede referirse a la planta o a la semilla. Pisum proviene del griego πισος, que significa «guisante» en griego clásico. Sativum procede del adjetivo latino sativus,a,um, que deriva del verbo sero, que significa «sembrar». Significa «sembrado» o «que se siembra». La palabra guisante proviene del mozárabe biššáuṭ, y este a su vez del latín pisum sapĭdum, que significa «guisante sabroso». La palabra tirabeque proviene del catalán tirabec, que significa «guisante mollar» o «horquilla con mango».

Los nombres de nuestras flores son una combinación de saberes populares y palabras antiguas. Agradezco a Magnolia por iluminarnos acerca del origen de estos bellos nombres.

Una Planta

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