El maravilloso mundo de las lavandas: una historia llena de color

Las lavandas, esas hermosas flores que se encuentran en los campos de la Provenza y en lugares como Brihuega en Guadalajara, han pasado de ser simples plantas silvestres a convertirse en cultivares extraordinarios en nuestros jardines. Han dejado atrás su color azul pastel para vestirse de morado, rosa pálido e incluso blanco inmaculado, cautivando nuestros sentidos.

Un canto a la sofisticación

La Lavandula stoechas, conocida como tomillo borriquero o cap d’ase, ha evolucionado de manera sofisticada. Este hermoso cantueso silvestre que crece en gran parte de la Península, Baleares e incluso Canarias, nos muestra combinaciones tonales impresionantes al jugar con el color del penacho de brácteas en sus espigas florales.

La popularidad de estas plantas ha estimulado a los obtentores en los países anglosajones, quienes han creado cultivares que realzan las cualidades ornamentales y sensoriales de las lavandas, sin perder ese carácter mediterráneo y ese aire informal y silvestre que tanto las caracteriza.

Adaptabilidad y belleza

Las lavandas son nativas del Sur de Europa, Oriente Medio y la Macaronesia (Canarias), por lo que se adaptan perfectamente a las condiciones climáticas y a los suelos pedregosos, secos y pobres. Esta adaptabilidad las convierte en las favoritas de los jardines de bajo riego y las ha llevado a ganar popularidad en la jardinería pública. Además, su riqueza en néctar las convierte en un verdadero festín para abejas y mariposas.

Los secretos para cuidarlas

Las lavandas son plantas que disfrutan del sol y resisten el calor intenso. Requieren poca agua, apenas necesitan abono y son prácticamente inmunes a las plagas. Su punto débil es el exceso de agua, por lo que es fundamental asegurarse de que el sustrato sea suelto y bien drenado. Si el suelo es arcilloso o no drena bien, se recomienda plantarlas en caballones o arriates elevados. El riego debe realizarse cuando la tierra esté seca, ya que prefieren una atmósfera seca.

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Si se cultivan en macetas, es importante colocar una buena capa de drenaje en la base y asegurarse de que haya suficientes agujeros para evitar que el agua se acumule. El sustrato ideal es aquel diseñado para plantas mediterráneas. El riego debe ser regular pero en pequeñas dosis.

La importancia de la poda

Las lavandas son plantas de bajo mantenimiento que solo requieren poda para conservar su forma, favorecer un follaje frondoso y una floración abundante, y evitar que se vean deslucidas por la falta de hojas en la parte baja de las ramas.

Según el paisajista Miguel Urquijo, mientras más se poden las lavandas, mejor. Durante los primeros años, es importante centrarse en formar la estructura de la planta y no preocuparse tanto por la floración. Para que estas plantas duren muchos años en buena forma, entre 12 y 15 en lugar de los habituales 8 a 10, es necesario podarlas al menos dos veces al año, y preferiblemente tres. La primera poda se realiza a finales de julio, sacrificando parte de la floración para lograr densidad en la planta y una posible segunda floración en septiembre. El segundo recorte se realiza después de esta segunda floración, antes de mediados de octubre para evitar el frío. Por último, se realiza un tercer recorte a principios de primavera si la planta ha perdido un poco de forma.

La poda se realiza a dos o tres dedos por debajo del tallo de la espiga floral, nunca cortando más de un tercio del largo de las ramas y evitando cortar en la madera vieja. Los esquejes obtenidos de la poda de verano se pueden utilizar para obtener nuevas plantas. Además, las flores secas de las espigas son ideales para hacer saquitos perfumados.

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Su versatilidad en el jardín

Las lavandas ofrecen una amplia variedad de posibilidades en el diseño de jardines. Sus tonalidades de espigas y follaje, que van desde el verde hasta el gris, junto con su altura y tamaño, permiten diferentes usos en el paisajismo. Se ven espectaculares en grandes masas lineales, nubes e islas, ya sea de una única especie o variedad, o combinando sus suaves registros cromáticos para crear armonías. También se aprovecha su diferente época de floración para disfrutar de sus flores desde la primavera temprana hasta finales del otoño.

Las lavandas combinan perfectamente con pequeños arbustos de hojas grises, como el Teucrium fruticans y el Teucrium marum, la Santolina chamaecyparissus o la Artemisia ‘Powis Castle’. También se pueden mezclar con otras plantas mediterráneas como el romero y las jaras, así como numerosas vivaces e incluso los Allium, que están muy de moda.

Además, las lavandas se lucen en jardines secos o de grava, rocallas, entre olivos y al lado de rosales, ya que protegen a estos últimos de los pulgones gracias a su aroma repelente. Por otro lado, las variedades enanas y los cantuesos son ideales para cultivar en macetas y jardineras en terrazas y patios.

El mundo de las lavandas es fascinante y lleno de posibilidades. Si buscas una planta versátil, resistente y llena de belleza, no dudes en incluir lavandas en tu jardín.

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Imagen: Lavandula

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