El asombroso «oro azul» y su origen en las montañas de Sapa, Vietnam

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Hace unos años, tuve la fortuna de visitar Vietnam y Camboya, dos destinos llenos de encanto y misterio. Aunque me sentí especialmente fascinado por la región de los jemeres, debo admitir que también quedé cautivado por algunos rincones de Vietnam. Y, para sorpresa mía, las plantas jugaron un papel fundamental en mi experiencia.

Sin duda, uno de los lugares que más me impresionaron fue la región norteña de Sapa, en la provincia de Lào Cai. Rodeada de majestuosas montañas cubiertas de niebla, esta zona ofrecía un clima mucho más agradable que el sofocante calor de la ciudad capital, Ho Chi Minh. Aunque Sapa estaba en pleno desarrollo turístico, aún conservaba su esencia salvaje en medio de la naturaleza, a diferencia de las congestionadas y superpobladas ciudades vietnamitas.

Pronto me di cuenta de que las tribus indígenas de Sapa basaban su cultura en dos especies de plantas fascinantes. La primera y más destacada era el arroz, cuyos impresionantes terrazas escalonadas había admirado tantas veces en libros y fotografías. Por fin tuve la oportunidad de caminar entre ellos, observando a los bueyes de agua y a los ancianos agricultores sembrando el cereal con el agua hasta las rodillas.

Pero lo que desconocía hasta llegar a estas montañas era que una de las tinturas más utilizadas por la humanidad provenía de una planta que también se cultivaba en esta región: Indigofera tinctoria, conocida como índigo. Se dice que esta planta tiene su origen en la India, como bien sugiere su etimología. Sin embargo, los botánicos aún debaten sobre su verdadero origen. Lo cierto es que durante siglos, Asia fue el principal proveedor de índigo para Europa. Este tinte natural era considerado un producto de lujo debido a su excelente resistencia al lavado y sus vibrantes colores. En Europa se le llegó a llamar «el oro azul». Sin embargo, también era muy apreciado en otros continentes. Los egipcios lo utilizaban para teñir las momias desde hace 1500 años antes de Cristo, y en América precolombina también se conocían sus propiedades. Incluso en ciertas tribus africanas, el índigo era un elemento común en la vestimenta.

La simbiosis oculta en las raíces de Indigofera

Indigofera tinctoria pertenece a la familia de las leguminosas, al igual que las lentejas, las judías o los cacahuetes. Este arbusto de hojas compuestas, similar a la falsa acacia, posee hermosas flores rosadas con motas moradas. Al igual que otras leguminosas, esta planta enriquece el suelo donde crece gracias a una asociación especial que se desarrolla bajo tierra. Sus raíces establecen una simbiosis con bacterias que fijan el nitrógeno atmosférico. Gracias a esta asociación, el nitrógeno inutilizable para las plantas se convierte en amonio y, posteriormente, en aminoácidos vegetales. Así es como las leguminosas se enriquecen naturalmente con proteínas y contribuyen a fertilizar los suelos.

El proceso de obtención del índigo

El color azul del índigo se obtiene a partir de la fermentación de las hojas de la planta, lo cual permite que un glucósido llamado indicán se convierta en el compuesto colorante conocido como indigotina. Después de obtener este valioso líquido azul, se mezcla con una base fuerte, como la sosa, se seca y se pulveriza. En este punto, se pueden agregar diferentes sustancias para variar la tonalidad del tinte.

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En el pueblo de Sapa, era común ver bidones llenos de hojas macerándose y lienzos de algodón teñidos secándose al sol. Los campos de Indigofera eran abundantes, y resultaba fascinante presenciar todo el proceso, desde el cultivo de la leguminosa hasta la creación de los llamativos trajes que las mujeres Hmong confeccionaban y vendían. Estas mujeres no solo actuaban como guías en los arrozales, sino que también hablaban inglés mejor que muchos españoles y, si se les apuraba un poco, incluso soltaban alguna palabra en euskara. Sin duda, estas mujeres vietnamitas de las montañas dejaban una impresión imborrable.

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La revolución industrial y el cambio de juego

En el siglo XIX, el avance de la industria química permitió la obtención de índigo artificial. Fue gracias al científico alemán Adolf von Baeyer, quien estudiando la química orgánica de los colorantes, descubrió cómo sintetizar indigotina sin necesidad de depender de la planta. Este hallazgo revolucionó la industria del índigo, que movía grandes sumas de dinero y empleaba esclavos. Por este descubrimiento, von Baeyer recibió un premio Nobel en 1905.

La influencia del índigo en la industria textil y los vaqueros

La industria textil, especialmente la producción de tejanos, también tiene mucho que agradecer al índigo. Se sabe que los genoveses teñían la tela de los pantalones vaqueros con índigo procedente de la India mucho antes de que Levi Strauss popularizara esta prenda entre la clase obrera estadounidense. Sin embargo, a principios del siglo XX, debido al crecimiento de la demanda de este tinte para los vaqueros, el índigo natural fue reemplazado por el sintético. En la actualidad, se producen alrededor de 20 mil toneladas de colorante índigo al año para satisfacer la demanda de nuestra sociedad consumista. Parece que nunca hay suficientes vaqueros…

Es posible que las mujeres Hmong de Sapa no conozcan a von Baeyer ni a Levi Strauss. Tampoco sabrán que los Levi’s 501, que antaño se teñían con Indigofera tinctoria siguiendo el mismo proceso que ellas utilizan con sus telas, son ahora la prenda más buscada por los jóvenes de todo el mundo. Es increíble cómo una simple planta puede dejar una huella tan profunda en la historia.

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Foto de portada: Wikipedia.

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