La Magia de los Nenúfares: Descubriendo la Esencia de la Vida en «La Espuma de los Días»

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un nenufar

Tomando como inspiración la novela «La espuma de los días» del famoso escritor francés Boris Vian, nos adentramos en una interpretación teatral única, una reinvención de su esencia a través de una voz personalísima. Los temas fundamentales: el amor, el jazz (la única razón para vivir según Vian). Chloé, la protagonista femenina, personifica la melancolía de vivir, el destino funesto de un amor condenado desde el principio. Boris Vian explora los aspectos terribles de la existencia: la muerte, la enfermedad, el trabajo, así como lo absurdo de la religión y los dogmas ideológicos.

Podríamos decir que «La espuma de los días» es como una sinopsis, adaptada por María Velasco, que asume las tesis de su autor y las presenta en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español. Queremos destacar que, desde nuestro punto de vista, el texto creado/arreglado por Velasco se ha convertido en uno de los mejores hallazgos de este año que está por terminar.

El encuentro entre la autora y Vian es reflejado en cada escena. Un homenaje póstumo a la genial obra del francés y una muestra de postmodernismo en el escenario. María Velasco ha acertado en varios aspectos en esta obra, aunque para algunos pueden eclipsarse por la crítica hacia las interpretaciones de los actores y actrices, que son deliberadamente planteadas de esta manera por la dirección de la autora. Veamos detalladamente los aciertos que hemos encontrado en esta propuesta.

Sumergiéndonos en el Jazz Poético

En primer lugar, si tomamos como premisa el amor y el jazz, pilares fundamentales en la obra de Vian, podemos apreciar la apuesta arriesgada de Velasco por un estilo jazzístico que impregna toda la puesta en escena. Los actores y actrices se entregan por completo a la palabra hablada y ejecutan una coreografía, llena de spoken word, tan íntimamente ligada al jazz. Algunos pueden llegar a cuestionar esta propuesta en un teatro como el Español, donde se espera más interpretación que recitación. Sin embargo, si uno es capaz de ir más allá del actor o actriz como mero intérprete, podrá disfrutar de este extenso poema escrito por la autora.

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«No representes las palabras. No representes nunca las palabras. No intentes nunca despegar del suelo cuando hables de volar, ni gires la cabeza y cierres los ojos cuando hables de la muerte. No me mires con ojos ardientes cuando hables del amor. Si quieres impresionarme al hablar del amor, métete la mano en el bolsillo o debajo del vestido y acaríciate». Estas palabras de Leonard Cohen, reconocido representante de la palabra hablada, encuentran su equivalente en esta obra. Es un descubrimiento teatral que se aparta de los caminos habituales, al igual que el grito ahogado de un Magritte que dice: «Esto no es una pipa» (esto no es París), o la frase de Mallarmé: «Nombrar el objeto es suprimir el mayor placer del poema, que es la felicidad de conjeturar poco a poco». Velasco logra precisamente eso: la felicidad de conjeturar poco a poco con la esencia de Boris Vian. Y nos encanta esta conjetura.

Un Festín Visual y Lingüístico

En esta obra, las palabras son el alma y los actores son el cuerpo que las transmite. Las palabras llegan al público sin ningún artificio, en su forma más cruda, como fotografías en un archivo raw, y cada espectador completa el resto con el material que danza y vibra en forma de palabras antes que acciones, como un paisaje interior.

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Este texto nos deja un sabor de boca extraordinario al saborear estas palabras que están pensadas para ser enunciadas sin desacreditarse. La autora evita la necesidad de adornarlas como un pavo para que las podamos digerir, y en su lugar opta por la precisión, apegada a la pureza textual y patafísicamente icónica.

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La escenografía es sencilla, con un sofá en la esquina derecha y un montículo de arena en la izquierda. Para el clímax, se utiliza una máquina de espuma. Los cuerpos de los actores son instrumentos que aceptan la desnudez como forma de expresión, sin suspiros exagerados ni jadeos. Se convierten en objetos de información. La voz y el cuerpo se convierten en datos. Incluso hay un robot de limpieza que se acerca a la vagina y un Mickey Mouse que desmonta una visión idealizada de París. Solo nos falta ver un nenúfar brotando dentro de un pulmón.

El Amor y la Anti Indulgencia

«La espuma de los días» aborda el amor desde la perspectiva de la anti indulgencia, la destrucción de la inocencia. Los personajes se enfrentan a la sociedad desafiando sus valores con despreocupación, criticando la alienación del trabajo, la muerte, la religión y su pomposidad, el poder del dinero. Todo esto está impregnado en un mundo poético insólito, con un irresistible halo de irrealidad. Sin embargo, la trama en sí es lo de menos, porque lo que importa en Vian es su escritura, apartada de lo convencional y poseedora de un encanto fascinante.

Si hay alguien más adecuado para llevar esta historia al teatro que Michel Gondry para dirigir la versión cinematográfica de la novela de Vian, creemos que María Velasco es la indicada para teatralizar esta historia, a su manera.

Colin y Chloé, Chik y Alise se presentan aquí bajo el distanciamiento de los personajes originales, pero al mismo tiempo asumiendo la huella que Vian dejó en las páginas del libro.

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Las palabras se mezclan en un nuevo lenguaje, una nueva patria literaria creada por María Velasco. Al igual que Fernández Mallo, la autora se atreve a ofrecernos un regalo: el descubrimiento de un neologismo, de un nuevo logos, un novedoso y brillante significado en una obra cargada de significantes.

Quizás esta pieza deba ser vista como un nenúfar brotando en los cerebros de la audiencia. Dejemos que crezca y que brote por nuestra boca, nuestros oídos y nuestros ojos.

Una vez más, la magia de los nenúfares nos ha transportado a un mundo único y mágico en el teatro. No podemos esperar a ver qué nuevas maravillas nos depara el futuro.

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