Redescubriendo a Manuel Machado: La Belleza de «Adelfos»

En este segundo artículo sobre la obra de Manuel Machado, nos adentramos en el comentario de su poema «Adelfos». Este poema, escrito en 1899, está dedicado a Miguel de Unamuno, quien lo elogió y expresó que sus versos eran «maravillosos» y dignos de ser conocidos por todos los jóvenes.

El título del poema, «Adelfos», nos remite a la dualidad presente en los versos de Machado, entre lo bello y lo malo, como la flor de la adelfa y su veneno interior. Sin embargo, también podemos encontrar otras connotaciones en este título. Las adelfas abundan en el sur de España y en griego, la palabra «adelfos» significa «doble, gemelo o hermano». Además, debemos recordar que «Géminis» fue el seudónimo temprano de Manuel. Por lo tanto, el título no fue elegido al azar, sino que refleja los ideales poéticos de Manuel, su origen andaluz y la posible dualidad moral del poeta.

El poema «Adelfos» sigue una estructura de serventesios alejandrinos, una métrica común en el modernismo. Consta de ocho estrofas con un esquema métrico ABAB y rima consonante, aunque en las estrofas 6 y 7 se utiliza la rima asonante en los versos pares. El ritmo de la composición está cuidadosamente trazado y brota del espíritu de los versos, como afirmaba Unamuno.

La musicalidad del poema se basa en estructuras paralelísticas, cesuras en la séptima sílaba, signos de puntuación como los puntos suspensivos y formas exclamativas. Todo esto, junto con el magistral uso de los acentos, crea una melodía armónica que facilita la memorización del poema.

Las dos primeras estrofas presentan una cesura marcada, que divide los versos en dos hemistiquios heptasílabos. Esto, combinado con los puntos suspensivos, añade una sensación de indefinición acorde con el contenido del poema. En la tercera estrofa, el ritmo se vuelve entrecortado debido al uso de polisíndeton, encabalgamiento y enumeración.

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En las estrofas centrales, el ritmo se intensifica con la combinación de puntos suspensivos, exclamaciones y pausas gráficas. Además, se utiliza la anáfora para enfatizar el contenido. En las últimas estrofas, convergen ambos esquemas rítmicos, reiterando los versos iniciales de la segunda estrofa.

El poema concluye con una tajante afirmación y una repetición con variación. La expresión «de cuando en cuando» ralentiza el ritmo y potencia la impasibilidad y subjetividad del yo poético.

Este artículo es solo una muestra de la profundidad y belleza de la obra de Manuel Machado. En el siguiente artículo continuaremos explorando su legado.

¡No te pierdas el próximo artículo sobre la obra de Manuel Machado!

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