Descubre la fascinante historia del acebo, más que un símbolo navideño

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Según una antigua leyenda celta, el Rey Roble reinaba durante los meses cálidos y luminosos, mientras que el Rey Acebo gobernaba en el frío invierno. Cuando el primero perdía sus hojas, el segundo mostraba su más bello esplendor, cubierto de hojas verdes y bayas rojas. Esta capacidad del acebo de resistir el frío y su magnífica combinación de colores lo convirtieron en un símbolo de fortaleza y eternidad desde tiempos remotos.

Además de su simbolismo, el acebo era considerado por los celtas como un ahuyentador de espíritus malignos debido a sus hojas espinosas. Por esta razón, era costumbre fabricar coronas con ramas de acebo como protección y buena fortuna. Con el tiempo, el cristianismo adoptó esta tradición convirtiéndola en uno de los símbolos navideños más característicos.

El encanto del acebo

El acebo es un arbusto o árbol pequeño, con un tronco recto y una copa densa en forma de pirámide. Sus hojas son simples y persistentes, de color verde brillante en el haz y con un borde muy espinoso. Los frutos, presentes en los ejemplares femeninos, son pequeños y esféricos, de un intenso color rojo o amarillo.

Este árbol aporta alimento y refugio a numerosas especies, especialmente aves, en tiempos de escasez, lo que resalta su gran valor ecológico. Además, el acebo es conocido por su longevidad, pudiendo vivir hasta un siglo o más.

Amante de las alturas

El acebo es originario del sur y oeste de Europa y se puede encontrar en bosques de robles y en zonas montañosas, como la cordillera Cantábrica o la meseta Norte en España. Es capaz de ascender hasta los 2,000 metros de altitud, lo que lo convierte en una especie común en zonas de montaña.

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Antiguamente, el acebo era utilizado por sus propiedades y su simbolismo, y recibía diferentes nombres vernáculos como agrifolio, alebro, aquifolio, xandón, acibiño o rascacú. Pero antes de adentrarnos en más detalles sobre esta fascinante especie, vamos a descubrir su relación con las fiestas navideñas.

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Símbolos cristianos

El acebo se utiliza como planta decorativa en Navidad como parte de la tradición cristiana. Su uso se atribuye a un intento del cristianismo por reemplazar al muérdago, una planta utilizada por los druidas en las festividades del solsticio de invierno. Los frutos rojos del acebo evocaban la sangre de Cristo, mientras que las hojas espinosas se asociaban con la corona de espinas que llevaba el Mesías.

Pero el acebo es mucho más que un simple símbolo navideño. Ha sido utilizado desde tiempos antiguos en ebanistería y marquetería debido a su madera dura y compacta. También se utiliza en la medicina tradicional por sus propiedades diuréticas y laxantes, aunque es importante tener precaución ya que los frutos pueden ser tóxicos si se consumen en grandes cantidades.

Una especie protegida

A pesar de su belleza y virtudes, el acebo ha visto disminuir sus poblaciones naturales debido a la recolección excesiva, la pérdida de hábitat y el cambio climático. Actualmente, goza de protección en numerosos territorios y está catalogado como una especie de «preocupación menor» en la Lista Roja de Especies Amenazadas.

Por su valor científico, ecológico y su innegable belleza, el acebo merece ser protegido y utilizado de manera sostenible. ¡Que continúe alejando a los malos espíritus durante muchos siglos más!


Por Fátima Aguilera Padilla

Este texto se reproduce de The Conversation bajo licencia Creative Commons.

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Una Planta

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